Hace unos días, el conocido escritor español Juan José Benítez (J.J Benítez) viajó, acompañado por su esposa, a los Estados Unidos para presentar su reciente libro “Caballo de Troya 8”. Al aterrizar en suelo norteamericano, el escritor y su pareja fueron víctimas de los durísimos e insoportables controles de seguridad de la policía aduanera estadounidense: todo el equipaje del matrimonio Benítez fue confiscado y ellos fueron conducidos a una sala del aeropuerto en la que estuvieron aislados y retenidos durante unas cuatro horas, sin explicación alguna. Una vez allí, tras ser incomunicados, no se les permitió recibir la asistencia de un traductor, ni se les dejó ir al lavabo y, lo peor de todo, a Benítez no se le permitió tomarse un medicamento (prescrito por su médico bajo una estricta regularidad en sus tomas), que llevaba en el equipaje.
Transcurridas casi cuatro horas, finalmente, la pareja fue liberada con la única explicación de que se les había tratado como sospechosos de terrorismo, ya que mediante el pasaporte las autoridades aduaneras estadounidenses habían comprobado que el señor Benítez había viajado, unos días antes, a Jordania.
Como consecuencia, la pareja perdió un vuelo de enlace que les había de llevar a su destino final y, además, recibieron su equipaje dos días más tarde. Todo ello, aseguran quienes conocen de cerca al escritor y han oído, de boca del propio Benítez, el relato de este despropósito, sin una sola disculpa de las autoridades aduaneras.
Y es que, según cuentan, las autoridades de los EE.UU tienen orden de considerar sospechoso de terrorismo todo aquello que suene a árabe o musulmán; parece que incluso si se trata de un país aliado y seguidor de las tesis de Bush, como Jordania. En términos prácticos, por ejemplo, todos aquellos que en nuestros pasaportes tengamos sellos de Marruecos, Túnez o Ejipto, por citar sólo tres de los posibles países sospechosos más visitados por los turistas españoles, podemos ser considerados presuntos terroristas y ser tratados como en el caso del matrimonio Benítez, si decidimos volar a suelo estadounidense.
¿Alguien conoce algún terrorista que haya sido detenido o localizado en un control aduanero de un aeropuerto? ¿La primera norma a aplicar no debería ser el sentido común? ¿A quién le quedan ganas de viajar a Estados Unidos sabiendo que tiene muchos números de ser tratado, y con perdón, como una mierda? A mí, al menos: ninguna.
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