domingo, 31 de enero de 2010

Bufff: ¡vaya inicio de año!

Y es que con la llegada del nuevo año un carrusel de sensaciones y sentimientos contrapuestos han protagonizado las primeras semanas de mi vida laboral de este 2010. Os cuento:



Horas antes de acabar el 2009 nuestra empresa nos comunica –como “regalo” de fin de año- que el 27 de enero acaba nuestro servicio para el cliente que llevábamos trabajando los últimos tres años. El cliente había decidido cambiar a otra empresa de servicios que le ofrecía un precio más barato. Ante la situación de crisis en el sector, nuestra empresa nos explicaba que veía imposible recolocar en otros servicios a los 27 empleados afectados y que, por tanto, nos tenían que despedir.



A mí, como delegado sindical, además de sufrir la situación como un trabajador más, me ha tocado negociar con la empresa para intentar encontrar un servicio donde recolocar al máximo número posible de empleados. Al final: se logró encontrar hueco para 11 compañeros; el resto forman hoy parte de la inacabable lista de desempleados de este país.



¿Y yo? La diosa fortuna me sonrió cuando más falta me hacía. Tres días antes de ser despedido recibí la llamada de la Administración Pública de Catalunya para ofrecerme un puesto de trabajo, al que había presentado mi candidatura hacía muchas semanas.



Os aseguro que ni os podéis imaginar la tensión, preocupaciones, peleas, malos entendidos, sorpresas, decepciones, incertidumbre, desespero, impaciencia, discusiones, euforia... que yo he vivido estos días. De hecho, ahora que casi todo eso ya ha pasado, tengo la sensación que este mes de enero ha tenido para mí más de 50 días.



Y buffffffff... Menos mal que todo esto ha tenido un final feliz... Eso sí: con un toque de amargura por todas esas personas a las que aprecio y que, por ahora, no han tenido la misma suerte que yo: ¡mis mejores deseos!