jueves, 4 de octubre de 2007

Comida con los del trabajo

¡Pues sí! A pesar de mi escepticismo de los últimos meses con respecto al buen ambiente en el trabajo, el pasado sábado nos fuimos a comer juntos una buena parte de los compañeros. Un menú variado; una comida de buena calidad y un mejor ambiente nos acompañaron durante más de un par de horas en un céntrico restaurante de la ciudad de Barcelona. Eso sí: los fumadores se tuvieron que fastidiar un poquito pues Héctor, ese niño grande que se acerca peligrosamente a los cuarenta y el organizador de esta comida, no tubo mejor ocurrencia que reservar en zona "no fumadores" para un grupo lleno de "chimeneas con patas". En fin, que todo no podía ser perfecto. Sino... ¿con quién me iba a meter yo?
Hartos de hacer excursiones a la puerta para fumar, los afectados propusieron ir a tomar el café a una terraza al aire libre, para poder fumar y para poder disfrutar del magnifico día que hacía; propuesta que fue secundada por el resto de compañeros. Tras el café, cada uno de nosotros fue tomando su camino. Eso sí: por lo que me han contado, hubo quien alargó la sobremesa hasta la hora de la cena... y hubo más de un marido que necesitó que pasasen más de doce horas para echar de menos a su respectiva esposa.
Entre los asistentes... No faltaron mi trío de Maris -Montse, Susi y Maricel-, que ya pasando de los cuarenta -y alguna, ya más cerca de los sesenta- cada día amenizan mi jornada laboral con sus penas, con sus males y, alguna, con su divertida bordería; Xavi, Héctor y Francesc –esos “jovencitos” ávidos de sexo-, conformaban el sector más "degenerado" de la comida; Ester, Víctor y Jaramillo, los folloneros del lugar; Rosa, Chusi y Carmen pusieron el sentido común a la cita, y yo, como casi siempre, con un poco de aquí y un poco de allí.
En fin: que la cosa no fue nada mal; que, por lo que cuentan, la gente se quedó con ganas de más -eso nunca es malo-, y empezando a pensar ya en la quedada para Navidad.