Hoy me he propuesto acabar con esa falsa creencia que nos otorgan a los ciegos, de que el físico de las personas no nos importa. Claro está, me refiero a la hora de establecer y determinar nuestras relaciones de pareja; y como con toda generalización, seguro que existen casos que constituyen la excepción a la regla. Y es que si os encontráis con un invidente que os asegura que tu físico no le importa -especialmente, si lo que intenta es flirtear contigo-: casi seguro que miente.
Nos gustan los chicos y las chicas guapas y, como os pasa a muchos de vosotros y vosotras, nosotros también nos podemos sentir seducidos por un cuerpo atractivo y bien cuidado. Eso sí: la forma que tenemos de percibir la belleza física de una persona es, evidentemente, diferente a la de las personas que sí pueden ver.
La comunicación no verbal de los ciegos en las relaciones de pareja o, al menos, en sus momentos previos se centran básicamente en aspectos relacionados con el sentido del tacto: roces, caricias, contactos, etc. También ayuda el sentido del olfato: aunque os pueda parecer mentira, el olor que desprende una persona dice mucho de su cuerpo y de su actitud ante el mismo. Un buen aseo o un buen perfume (en su justa medida) nos da muchas pistas sobre cómo sois.
Sería de necios negar que tiene mucho ganado aquella persona que, aún siendo invidente, durante algunos años de su pasado ha tenido la fortuna de poder ver. La memoria visual es un instrumento muy importante para la adaptación de los ciegos a la sociedad actual, en general. Y yo he sido uno de esos afortunados.
Pero al final, seamos ciegos o no, un cuerpo sólo puede ser agradable o atractivo; un cuerpo te gusta pero de un cuerpo no te enamoras y de una forma de ser, sí. Y es que el físico se va deteriorando con el paso de los años, pero siempre nos queda nuestra forma de ser, nuestros valores, nuestros principios, nuestras creencias… nuestra personalidad o nuestra forma de ser.
martes, 29 de abril de 2008
jueves, 10 de abril de 2008
El sentirse valorado
Una de mis mayores preocupaciones, hoy en día, es saber hasta qué punto las personas
-sobretodo, todos aquellos quienes me rodean en mi vida cotidiana- son conscientes y conocen el esfuerzo diario que me supone ser quién soy y, sobretodo, ser cómo soy; intentando ser un ciego lo más "normal" posible.
Desde que tuve uso de razón, tanto mi familia como los profesionales que me ayudaron a superar las limitaciones de mi discapacidad, me han educado en la idea de que, a pesar de todo, soy y debo considerarme una persona más, eso sí, siendo consciente de mis peculiaridades. Con esta idea como base, a lo largo de mi vida he ido intentando superar todas aquellas barreras -físicas, sociales y laborales- que me han ido poniendo o me he ido encontrando. Hasta tal punto que, hoy, me considero una persona perfectamente integrada en la sociedad y que, particularmente, dentro del colectivo de personas con discapacidad, me considero una persona que, por decirlo de alguna forma, he tenido éxito en mi tarea de integrarme socialmente y, según dicen quienes me conocen, supero las expectativas que se pueden esperar de una persona ciega.
De hecho, como consecuencia de mi "normalidad" muchas personas acaban olvidando que están ante una persona sin visión; y, sinceramente, es algo que me alegra y me hace sentir muy orgulloso de mí mismo: son esos momentos por los que todo esfuerzo vale la pena.
Pero conseguir que los demás me vean como alguien igual a ellos es algo que me supone muchos esfuerzos: adelantarme a los posibles problemas que me puedan surgir para tener preparada la solución si, sobretodo, son cuestiones visuales; intentar demostrar, a pesar de la negativa de los demás, que sí puedo realizar según qué tareas y no conformarme con la tentadora comodidad de la excusa de ser ciego, o potenciar la observación con mis otros sentidos para poder compensar así la falta de información visual, entre otros.
Me siento como aquel animal que, siendo poco agraciado en sus habilidades físicas, ha de trepar al árbol cada día para conseguir el alimento que desea, ya que no tiene suficiente comida con los restos que se va encontrando en el suelo. Muchas personas ven como trepa a diario para conseguir el alimento, pero nadie se plantea acercarse a recoger los frutos del árbol y dejárselos, más fácilmente, a su alcance. Y es que en su interior, saben y han podido comprobar a diario, que el animal acabará consiguiendo trepar para alcanzar su comida.
Ya sé que se trata de una metáfora muy tonta pero describe muy gráficamente la sensación que tengo. Y es que creo que he bien acostumbrado a todas las personas que me rodean, haciéndoles esperar de mí cosas que, en la mayoría de los casos, no obtendrían de otras personas ciegas como yo.
En fin, que supongo que se trata de un sentimiento egoísta, pero necesito, de vez en cuando, que la gente sepa valorar el esfuerzo y mi apuesta diaria por ser uno más de ellos, a pesar de faltarme el sentido humano más fundamental: la vista. Supongo que el saber que te valoran y que, a pesar de todo, el esfuerzo vale la pena es algo que necesitamos todos… y yo también.
-sobretodo, todos aquellos quienes me rodean en mi vida cotidiana- son conscientes y conocen el esfuerzo diario que me supone ser quién soy y, sobretodo, ser cómo soy; intentando ser un ciego lo más "normal" posible.
Desde que tuve uso de razón, tanto mi familia como los profesionales que me ayudaron a superar las limitaciones de mi discapacidad, me han educado en la idea de que, a pesar de todo, soy y debo considerarme una persona más, eso sí, siendo consciente de mis peculiaridades. Con esta idea como base, a lo largo de mi vida he ido intentando superar todas aquellas barreras -físicas, sociales y laborales- que me han ido poniendo o me he ido encontrando. Hasta tal punto que, hoy, me considero una persona perfectamente integrada en la sociedad y que, particularmente, dentro del colectivo de personas con discapacidad, me considero una persona que, por decirlo de alguna forma, he tenido éxito en mi tarea de integrarme socialmente y, según dicen quienes me conocen, supero las expectativas que se pueden esperar de una persona ciega.
De hecho, como consecuencia de mi "normalidad" muchas personas acaban olvidando que están ante una persona sin visión; y, sinceramente, es algo que me alegra y me hace sentir muy orgulloso de mí mismo: son esos momentos por los que todo esfuerzo vale la pena.
Pero conseguir que los demás me vean como alguien igual a ellos es algo que me supone muchos esfuerzos: adelantarme a los posibles problemas que me puedan surgir para tener preparada la solución si, sobretodo, son cuestiones visuales; intentar demostrar, a pesar de la negativa de los demás, que sí puedo realizar según qué tareas y no conformarme con la tentadora comodidad de la excusa de ser ciego, o potenciar la observación con mis otros sentidos para poder compensar así la falta de información visual, entre otros.
Me siento como aquel animal que, siendo poco agraciado en sus habilidades físicas, ha de trepar al árbol cada día para conseguir el alimento que desea, ya que no tiene suficiente comida con los restos que se va encontrando en el suelo. Muchas personas ven como trepa a diario para conseguir el alimento, pero nadie se plantea acercarse a recoger los frutos del árbol y dejárselos, más fácilmente, a su alcance. Y es que en su interior, saben y han podido comprobar a diario, que el animal acabará consiguiendo trepar para alcanzar su comida.
Ya sé que se trata de una metáfora muy tonta pero describe muy gráficamente la sensación que tengo. Y es que creo que he bien acostumbrado a todas las personas que me rodean, haciéndoles esperar de mí cosas que, en la mayoría de los casos, no obtendrían de otras personas ciegas como yo.
En fin, que supongo que se trata de un sentimiento egoísta, pero necesito, de vez en cuando, que la gente sepa valorar el esfuerzo y mi apuesta diaria por ser uno más de ellos, a pesar de faltarme el sentido humano más fundamental: la vista. Supongo que el saber que te valoran y que, a pesar de todo, el esfuerzo vale la pena es algo que necesitamos todos… y yo también.
viernes, 4 de abril de 2008
No sé si me he metido en un lío...
Uisssssssssss... Hace muchos días que no os cuento nada. Pero aunque pueda parecer lo contrario, ni mucho menos, me he olvidado de todos vosotros. En fin, que os voy a poner al DIA de mis recientes novedades, básicamente, laborales; que, sinceramente, no sé si son buenas o menos buenas. Os cuento…
No solo sigo trabajando en la misma empresa, en la que llevo ya más de un año, sino que, hace unos días, fui escogido como miembro del Comité de Empresa de la misma, como parte de una candidatura sindical que se presentó a las elecciones para este órgano de representación de los trabajadores. Bueno... sinceramente, de hecho, es algo que todavía no está oficializado puesto que se han producido una serie de "irregularidades" en estas elecciones que, a día de hoy, se están intentando solucionar.
Aunque el poder ayudar a mis compañeros trabajadores es algo que me gusta y, sinceramente, me apetece mucho, no sé si esto va a ser algo que me traiga más problemas y conflictos que otras cosas. Y para complicarme la vida... siempre estoy a tiempo. No tengo muy claro que todos los compañeros puedan entender mi posición cuando tenga que, en algunos casos, decirles que no a alguno de sus asuntos; desgraciadamente, ay personas que no saben separar las cuestiones laborales de las personales y eso, casi siempre, acaba desembocando en situaciones muy desagradables.
Otra cuestión que no me deja ser muy optimista en este asunto, de cara al futuro -ojalá me equivoque-, es el cómo se ha formado la candidatura de los compañeros que, finalmente, vamos a formar parte del Comité de Empresa. Todo el asunto fue idea de uno de los compañeros que, por su cuenta, decidió intentar formar una lista para las elecciones y que fue contactando con aquellas personas -entre ellas yo- con las que le interesaba contar para su candidatura. La verdad es que la mayoría de nosotros casi no nos conocemos; son muy diferentes los motivos -los hay más y menos legítimos- que cada uno tenemos para formar parte del Comité de Empresa, y eso conlleva grados muy diferentes de implicación a la hora de trabajar por los demás. Además, que yo sepa, no existe ningún proyecto común de trabajo entre los miembros de la candidatura a partir del cual orientar nuestras actuaciones.
Por si esto no fuese suficiente, existe un descontento entre algunos integrantes de la lista por cuestión del lugar y el número de orden que finalmente ocuparon en la candidatura y también de personas que, inicialmente, se contaba para formar parte de la lista y que luego han quedado excluidas, sin explicación alguna -o, al menos, eso dicen los afectados-. En fin, que con todo esto se está empezando a preparar un cóctel con ingredientes muy diferentes e inestables que no sé en qué va a acabar
Eso sí: lo que tengo muy claro es que antes de acabar peleado con mis compañeros de comité me iré, dejando paso a otra persona, aunque espero no tener que tomar una decisión de ese tipo. Por eso, no tengo muy claro si me he metido en un lío o no. Pero sí tengo claro que, al menos, no quiero dejar de intentarlo.
No solo sigo trabajando en la misma empresa, en la que llevo ya más de un año, sino que, hace unos días, fui escogido como miembro del Comité de Empresa de la misma, como parte de una candidatura sindical que se presentó a las elecciones para este órgano de representación de los trabajadores. Bueno... sinceramente, de hecho, es algo que todavía no está oficializado puesto que se han producido una serie de "irregularidades" en estas elecciones que, a día de hoy, se están intentando solucionar.
Aunque el poder ayudar a mis compañeros trabajadores es algo que me gusta y, sinceramente, me apetece mucho, no sé si esto va a ser algo que me traiga más problemas y conflictos que otras cosas. Y para complicarme la vida... siempre estoy a tiempo. No tengo muy claro que todos los compañeros puedan entender mi posición cuando tenga que, en algunos casos, decirles que no a alguno de sus asuntos; desgraciadamente, ay personas que no saben separar las cuestiones laborales de las personales y eso, casi siempre, acaba desembocando en situaciones muy desagradables.
Otra cuestión que no me deja ser muy optimista en este asunto, de cara al futuro -ojalá me equivoque-, es el cómo se ha formado la candidatura de los compañeros que, finalmente, vamos a formar parte del Comité de Empresa. Todo el asunto fue idea de uno de los compañeros que, por su cuenta, decidió intentar formar una lista para las elecciones y que fue contactando con aquellas personas -entre ellas yo- con las que le interesaba contar para su candidatura. La verdad es que la mayoría de nosotros casi no nos conocemos; son muy diferentes los motivos -los hay más y menos legítimos- que cada uno tenemos para formar parte del Comité de Empresa, y eso conlleva grados muy diferentes de implicación a la hora de trabajar por los demás. Además, que yo sepa, no existe ningún proyecto común de trabajo entre los miembros de la candidatura a partir del cual orientar nuestras actuaciones.
Por si esto no fuese suficiente, existe un descontento entre algunos integrantes de la lista por cuestión del lugar y el número de orden que finalmente ocuparon en la candidatura y también de personas que, inicialmente, se contaba para formar parte de la lista y que luego han quedado excluidas, sin explicación alguna -o, al menos, eso dicen los afectados-. En fin, que con todo esto se está empezando a preparar un cóctel con ingredientes muy diferentes e inestables que no sé en qué va a acabar
Eso sí: lo que tengo muy claro es que antes de acabar peleado con mis compañeros de comité me iré, dejando paso a otra persona, aunque espero no tener que tomar una decisión de ese tipo. Por eso, no tengo muy claro si me he metido en un lío o no. Pero sí tengo claro que, al menos, no quiero dejar de intentarlo.
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