viernes, 13 de octubre de 2006

13-O: un día especial

Sí, hoy para mí es un día un tanto especial. Además de celebrarse hoy el día de mi onomástica –felicidades a todos los que se llaman Eduardo-, se cumplen cinco años de la “Noche de las sillas pegadas”.
No, no creáis que se trata de la revolución de ningún pequeño país lejano, ni de ningún acto de protesta, ni nada que se le parezca. Así bauticé yo, en su día, a la noche en la que empezó a ser mi pareja la que hoy es mi esposa. Tranquil@s, que este curioso nombre tiene su explicación y, hoy, me apetece compartirla con vosotr@s.
La noche del 13 de octubre de 2001 celebré, en el que entonces era mi nuevo piso, una cena para la “inauguración” del mismo, con los que entonces eran, y aún son, algunos de mis mejores amigos (entre ellos estaba ella). Durante los preparativos de esa cena, para evitar el ruidoso roce de las sillas con el suelo y para no molestar a los vecinos, se me ocurrió colocar unas “tapetas” –no sé cómo les llamáis vosotr@s- un tanto rudimentarias en las patas de las sillas para amortiguar el ruido que hacían al moverlas. .
Pues resulta, que durante la cena, nos comenzamos a dar cuenta que, por culpa de esas “tapetas”, las sillas se estaban quedando pegadas en el suelo y se hacía casi imposible moverlas para, por ejemplo, levantarse. Al final, todas esas “tapetas” se fueron quedando adheridas al suelo y despegadas de las sillas. Os podéis imaginar el consiguiente cachondeo y mofa de todos mis invitados; acabó siendo el tema protagonista de las conversaciones de la cena.
Al final, le pedí a Ana –la que hoy es mi mujer- que, por favor, se quedase a echarme una mano a recoger las cosas de la cena y para intentar despegar las puñeteras “tapetas” del suelo. La verdad, y siendo sinceros, tampoco hizo mucha falta convencerla; no me lo puso difícil.
Y claro… A solas… Tras arreglar y recoger todo… el resto os lo podéis imaginar. Nos dieron las siete de la mañana. Después de cinco meses empezamos a vivir juntos y un año y once meses después de esa cena, el 13 de septiembre de 2003, nos casábamos.
Como podéis comprobar, el número 13, volvía a parecer en mi vida. Y es que, más allá de la superstición o mala suerte que aseguran trae este número, para mí ha sido y es una cifra importante en mi vida. Pero eso ya os lo contaré en otra ocasión.

1 comentario:

  1. Estoy de acuerdo contigo, Edu, a mi el número 13 también me ha dado suerte: mi primer hijo nació en 13, mi nieta también, mi hija también se casío en trewce... hasta ahora tdodo me ha ido bien en ese número, a pesar de la mala fama que tiene.

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