lunes, 10 de diciembre de 2007

El orden sí importa

Fuente: ELPAÍS.com

“”Pocos padres admitirán que tratan a sus hijos de forma diferente, pero es probable que al educarlos de la misma manera, obtengan como resultado la desigualdad. Como el arranque de Ana Karénina, de León Tolstoi ("Todas las familias felices se parecen, sólo las infelices lo son cada una a su modo"), la educación y la crianza de los hijos tiene mucho que ver con las singularidades: las que uno trae de serie, las de la forja de la personalidad y las que, según algunas investigaciones científicas, se desprenden del orden que los hermanos ocupan en la familia. Es la denominada Birth order theory, teoría del orden de nacimiento.

Aunque se remonta a finales del siglo XIX -la formuló Francis Galton, primo de Darwin, en 1874-, dicha teoría acaba de recibir el espaldarazo de un estudio de la Universidad de Oslo y el Instituto de Salud Ocupacional de la capital noruega, que, en colaboración con el servicio médico del Ejército de ese país, analizaron los niveles de inteligencia de cerca de 250.000 reclutas de 18 y 19 años. Las conclusiones, publicadas por la revista Science, no dejaban lugar a dudas: el primogénito tiene un cociente intelectual (CI) 2,3 puntos por encima del segundo, y éste aventaja en 1,1 puntos al tercero. El CI de los primeros es también mayor que el de los hijos únicos. Pero la máxima nota se aplica asimismo en los casos de segundos y sucesivos hermanos que hayan sido educados como primogénitos por muerte o ausencia de éstos. (…) A grandes rasgos, en el reparto el primero se lleva el conservadurismo, el respeto a las expectativas y los valores paternos y el perfeccionismo. El mediano, en terreno de nadie, tarda en decidir qué quiere hacer con su vida -frente al mayor, que la encarrila muy pronto- y desarrolla más relaciones con iguales que jerárquicas. El benjamín, por su parte, es la bohemia y el riesgo; divertido y encantador, puede ser también más débil que los otros. (…) La historia es un filón de ejemplos que ratifican el citado reparto de actitudes y aptitudes: más de la mitad de los presidentes de Estados Unidos han sido primogénitos; también eran los mayores, o hijos únicos, veintiuno de los 23 primeros astronautas estadounidenses.
"El orden de nacimiento no es determinante en ningún caso, pero sí tiene importancia -señala Victoria del Barrio, profesora de Psicología de la Personalidad de la UNED-. Suele decirse que el hijo mayor es el más adulto de todos, el receptor de valores paternos. Pero con el nacimiento de nuevos hijos, la dedicación y el entusiasmo que los padres ponían en él va mermando; otros niños, sobre todo si son muy seguidos, reclaman su atención. Así, a medida que nacen más vástagos, se debilita la educación parental, que es jerárquica, a favor de una dinámica horizontal, entre iguales, los hermanos", explica. En virtud de la atención dedicada -máxima al primero; más escasa al último, ese que según el dicho popular "se cría solo"-, Del Barrio detalla la existencia del síndrome del primer hijo, o hijo adulto, "más apegado a los padres"; el síndrome del mimado (el menor, "que tiene bula y al que se considera pequeño durante más tiempo") y el síndrome del hijo mediano, "o patito feo, el que más facilidad tiene para desarrollar emociones negativas, pero también el más sociable de todos", según esta profesora.
Del Barrio recuerda que si hubiera que sacar una conclusión al respecto, sería la de que "es imposible, y sería una entelequia, educar a todos de la misma manera. Cada niño es un hardware distinto. La educación tiene que ser un traje a medida". (…)
Con respecto a la inteligencia privilegiada del primer hijo, la explicación parece clara: es su cercanía a los padres y adultos, tanto como su papel de tutor o guía de los siguientes hermanos, "lo que cognitivamente le supone una mayor oportunidad de desarrollo. El CI del primogénito o el hijo único –un poco más elevado el del primero-, el mayor desarrollo de su lenguaje, se explican por la mayor atención recibida", afirma la catedrática Díaz-Aguado, para quien esta teoría se sustenta en dos pilares: la cantidad y la calidad de la dedicación parental y el reparto de papeles entre hermanos.
CI al margen, no todo son ventajas, porque los primogénitos también tienen su cruz: "Sus expectativas son muy elevadas, así que les va a costar asumir fracasos", apunta Díaz-Aguado. Es decir, habituado al liderazgo, al manejo de papeles asimétricos, verticales, puede naufragar cuando las reglas del juego se imponen entre pares. "El segundo hijo y los sucesivos suelen pasar más tiempo con niños", añade Díaz-Aguado. (…)
De todos modos, como subraya María José Díaz-Aguado, los rasgos asociados al orden de nacimiento son "una relación de probabilidad, no de causa-efecto. Es decir, que el hecho de ser primogénito o benjamín no determina necesariamente una característica, sino que incrementa la probabilidad de tenerla.””

2 comentarios:

  1. vaya... ahora entiendo por qué me he sentido siempre como un patito feo :oP
    aunque también es cierto que siento en algunos casos se pueden dar rasgos mezclados....

    uy! se me acaba de corrir una cosa... ¿qué pasa con los hermanos gemelos? y con los trillizos, o con partos múltiples? y que tiene, a demás, más hermanos?

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  2. Buffffff, Anuska... Veo que tienes demasiado tiempo libre... Te da por pensar unas cosas... Pues eso: ya tienes un tema para hacer tú otra investigación. ¡Es que lo queréis saber todo!
    En mi caso, soy el mayor de dos hermanos (yo y una hermana, con la que me llevo algo más de un año de diferencia) y, aunque parezca un pelín presuntuoso, creo que en mi situación se cumplen muchas de las premisas que se comentan sobre los hermanos mayores.

    Besos y abrazos

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