Hace más de quince años, el que entonces era un buen amigo mío, me descubrió un tranquilo restaurante en el centro de Barcelona –la capital de Catalunya: una pequeña nación sin Estado-, en la calle Jovellanos: “El Petit Xaica”. Como consecuencia de mi actual horario laboral –tengo dos horas para comer al mediodía- y como no estoy demasiado lejos del centro de Barcelona, desde hace unos meses, voy a comer casi todos los días al Petit Xaica: comida sencilla (cocina de mercado), buena calidad, una carta con una gran variedad, unos precios muy asequibles y, lo mejor, un excelente trato personal.
Y es que, por diversas circunstancias, la mayor parte del personal de este restaurante, se ha acostumbrado a tener entre sus clientes habituales a barias personas ciegas. De hecho, es uno de los pocos lugares donde me puedo sentir cómodo, sin tener que estar constantemente alerta y/o pendiente por casi todo: a ver si encuentro ésto o lo otro, si seré capaz de no tropezarme con nada, si tengo que pedir el favor de que me lean la carta o el menú, si pagaré con los billetes que tocan, etc. Los empleados del Petit Xaica han aprendido a tratar con ciegos como lo más natural del mundo y a tener presente las necesidades que podamos tener a la hora de comer o cenar solos. Afortunadamente, no te ven como un problema cada vez que cruzas su puerta; que, desgraciadamente, es lo que nos sucede en muchos otros lugares.
Estoy seguro que el Petit Xaica, ni mucho menos, es el mejor restaurante de Barcelona pero el trabajo y el trato de sus empleados hacen que para mí merezcan la mejor de mis recomendaciones.
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Estoy totalmente de acuerdo contigo! es un restaurante que ofrece, además del magnifico trato de su personal, una carta variada, y un menú diario que no está nada mal. yo también lo recomiendo.
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