domingo, 15 de junio de 2008

Otra comida más

Hacía ya mucho tiempo que no nos juntábamos fuera del horario laboral, así que ayer sábado, después de muchos meses, nos volvimos a ir de comida los compañeros de trabajo –bueno… algunos-. Esta vez, una docena de antiguos y nuevos compañeros, recién llegados a la empresa, nos fuimos a comer a un pequeño bar. restaurante, en el barrio barcelonés de Sant Andreu y que regenta el marido de una de nuestras compañeras. Una buena comida, un mejor trato y, como casi siempre, acabamos desmadrados. ¡Si es que no se nos puede dar de beber!
Entre los de siempre… Chus, mi madraza favorita; mis tres Maris: Montse, Susi y Maricel; Francesc, ese hombre discreto y reservado que no cae ni demasiado bien ni mal a casi nadie pero que siempre puedes contar con él para estas juergas, y el incombustible Paulí, que va a su rollo y que cualquier excusa es buena para pasarlo bien.
Entre los novatos… Silvia, que aunque falta de un poco de paciencia siempre acaba haciéndonos disfrutar con su buen humor y su mejor corazón; la otra Montse, la anfitriona del encuentro, y una sorprendente Lidia, que afortunadamente se dejó en casa la modosita que lleva dentro y se nos desmadró como la que más –como engañan las apariencias…-.
Y, claro, de mí… si quieren, ya hablarán los demás que yo, me tengo demasiado visto. Eso sí: entre las ausencias… Carlos, nuestro jefe que se había apuntado a las anteriores; Elena, nuestra ex… medio jefa; Héctor, ese niño con casi 40 años; Joan, que nunca vendrá si el menú vale más de 3 euros (tacaño es poco), y, entre otros más, reme, que aunque le apetecía…
Tras la comida, los madrugadores que habíamos trabajado esa misma mañana optamos por retirarnos y volver con la familia. El resto se fueron, supuestamente, a tomar un café no sé dónde; o, al menos, eso decían.
¡Ah, por cierto! En esta ocasión no tubo que ser el ciego –es decir: yo mismo- quien hiciese las fotos del encuentro; así que, esta vez no tengo imágenes que enseñaros. Si alguien me las envía, tal vez decida publicar algunas; aunque con las amenazas que se oyeron y los amagos de ataques violentos que se produjeron, no sé si me atreveré a colgar nada.

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