Así de duro y así de cierto: me encuentro pendiente de una muerte. Os cuento de qué va todo esto y ya veréis como al final lo entendéis o, al menos, eso espero, claro.
Como seguro ya sabéis los habituales del blog, yo padezco una enfermedad en mis ojos -glaucoma congénito- que me provocó, en su día, una ceguera casi total a los 14 años. Desde entonces, el objetivo de los distintos especialistas que me están tratando es el de mantener en las mejores condiciones posibles mi ojo -hoy sólo me queda uno con opciones de poder recuperar algo de visión- para que cuando llegue el día que la ciencia pueda dar una respuesta certera a mi problema el ojo esté lo más "sano" posible para poder recuperar la visión. Y hoy por hoy, parece que ese camino está en las utilidades que se le puedan dar a los resultados de las investigaciones con células madre, ya que mi principal problema es la degeneración casi completa del nervio óptico.
Con este objetivo, desde hace unos días estoy en lista de espera para recibir un transplante de córnea. Desde la clínica me dicen que es cuestión de no más de dos meses, por lo que, parece, empezaré el año nuevo con córnea nueva. Lo malo que tiene este tipo de intervenciones, además del riesgo de que el nuevo órgano sea rechazado por mi organismo, es que sólo te avisan con 24 horas de antelación, con lo que no puedes planificar ni prever nada.
Pero... el otro pensamiento que me ocupa estos días es el de que, desgraciadamente, tenga que morir alguien para que yo pueda recibir esa córnea; alguien, más o menos de mi edad y mi complexión. Como seguro podéis comprender eso no es algo que me haga, precisamente, ilusión. Pero prefiero quedarme con la parte positiva del asunto y seguir admirando, día tras día, la enorme generosidad de las personas que deciden donar sus órganos. Especialmente, admiro a las personas que, en uno de los peores momentos de la vida de cualquiera, en el que acaban de perder a un ser querido deciden donar los órganos de aquel para ayudar a otras personas.
En fin, que aquí sigo yo esperando y con mis reflexiones, pensando cada vez que veo o oigo una noticia del fallecimiento de uno a o varias personas, en España, si una de sus córneas será para mí.
domingo, 11 de noviembre de 2007
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Edu,
ResponderEliminarQuiero darte todo mi apoyo. Es muy duro lo que cuentas, y es cierto que en momentos como ese se sabe que las personas somos eso: personas... La generosidad de alguien que en un momento dado dijo que estaba dispuesto a salvar una vida cuando la suya se acabara... o la de una familia que así lo decide en el momento que un ser querido se va, yo creo que es el mejor homenaje que se puede hacer al recuerdo de esa persona; y por otra parte, saber que alguien, al otro lado va a poder vivir mejor (no solo va a poder tener una posibilidad -como en tu caso, de mejorar su calidad de vida) si no, por ejemplo de continuar viviendo (en el caso de otro tipo de trasplantes... en fin, no sé si me explico, pero es que me parece que los trasplantes se deben potenciar más, informar sobre cómo y dónde hacerse donante...
Bueno, y sólo quiero desearte mucha suerte con lo tuyo.
Besos,
anuska
Muchas gracias, Anuska, por tus ánimos y buenos deseos. Y como creo que tienes toda la razón del mundo con lo de tener más información sobre cómo y quién puede ser donante de órganos, acabo de incluir un enlace a la Organización Nacional de Transplantes, en el que vais a poder encontrar mucha información. Por cierto, aunque se trata de una institución española, por lo que he podido ver, también puede resultar muy interesante para mis amigos latinoamericanos. Espero que os sea útil.
ResponderEliminarAbrazos y besitos.
Me hice donante de corneas con 18 años, tengo avisada a toda mi familia y amigos, para que, en el caso de qué algo me ocurriera supieran como reaccionar ante este tema.
ResponderEliminarLas córneas es prácticamente el único órgano que puede ser donado independientemente de la edad que tengas al fallecer, de tu estado de salud, de la causa de tu muerte, etc...
Creo que no hay nada que agradecer, porque si, por aquellas casualidades de la vida, mis corneas terminarán en tus ojos, sería yo quién debería agradecerte el hacerme vivir a través de tu mirada.
Buffffffff… Cabra, me has dejado sin palabras… Sólo espero y deseo que ese momento no haya de llegar nunca.
ResponderEliminarMira que cada día te voy conociendo mejor, pero tienes la encantadora facilidad de no dejar de sorprenderme… No sé cómo haces para que en un cuerpo tan pequeño quepa un corazón tan grande…
¡Gracias, muchas gracias!
jo... Cabra, Edu, la verdad es que vuestros comentarios emocionan a cualquiera. Precioso, de verdad....
ResponderEliminarEh! Yo no soy pequeña!
ResponderEliminarEs que todavia estoy en edad de crecimiento!
Cierto, cierto, cierto… Cabra… Es que, por un momento, había olvidado que a las niñas os empiezan a salir los dientes casi a los treinta… ggggggggg… ¿Lo qué hay que oir!
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