domingo, 9 de septiembre de 2007

1400 Dromedarios: algunos apuntes sobre mi viaje a Túnez



Y es que la mitad de mis escasos quince días de vacaciones los he pasado en Túnez. No voy a ser yo quien os explique que hay y que no hay en este cercano país africano –a poco más de hora y media de avión desde Barcelona- y seréis vosotros quienes si queréis, tendréis que viajar allí (cosa que os recomiendo), para poder descubrir cómo es.
Simplemente, hoy me apetece dejaros aquí algunas de las curiosidades que me han llamado la atención durante mi viaje a Túnez. Eso sí: no quiero dejar de deciros que, según mi parecer, Túnez es uno de los países más “occidentalizados”, si es que se puede denominar así, de África. Una buena parte de su economía depende del turismo y, supongo, que eso tiene algo que ver en cómo viven y cómo tratan a sus visitantes.
1400 Dromedarios fue lo que, el “personaje” que aparece con ana y conmigo en la foto, me ofreció por mi querida esposa durante nuestra travesía en 4x4 por las dunas del desierto del Sahara, en su parte tunecina; trato que, como no podía ser de otra forma, rechacé de pleno. Allí, también tuvimos la oportunidad de comprobar que, a pesar de lo que se dice, llueve en el desierto y lo sorprendente que puede llegar a ser el silencio absoluto para los que nunca hemos podido disfrutar de esa sensación.
Sobre su forma de vida… La mayoría de la población tunecina es seguidora del islamismo moderado (sunitas) y su adaptación a los nuevos tiempos llega hasta tal punto que, este país, ya está siendo “invadido” por las grandes superficies comerciales, en las que incluso podemos encontrar productos derivados del cerdo, como el excelente jamón español; además de numerosos locales de ocio e, incluso, casinos.
En cambio, en Túnez he podido comprobar que todavía coexisten muestras de su tradición social marcada por el islamismo, como puede ser el hecho que después de visitar varios hoteles y comer en diferentes restaurantes, en ninguno de estos establecimientos fuimos capaces de ver, por ejemplo, alguna camarera; o el hecho de que el viernes no vimos trabajando a ninguna mujer de la semana que estuvimos allí.
Como excolonia francesa, en Túnez predomina, además del tunecino, el francés como segunda lengua. Eso sí: no son pocas las personas que chapurrean algo de español. Pero, curiosamente, aquellos quienes no tenían ni idea de hablar nuestro idioma lo único que sabían decir en Español era: “hola, hola coca cola” y “nada, nada limonada”. En fin, que supongo que fue la tontería que les enseñó el primer español que fue por allí. Pero os prometo que no fueron ni uno ni dos los que nos recibían con este “saludo” al descubrir que éramos españoles.
En fin, que Túnez es un país que vale la pena conocer por sus parajes, su cultura y sus gentes. Y es que el viajar nos hace más sabios y es, conociendo otras culturas, como podemos entender el porqué de muchas cosas.

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