domingo, 24 de junio de 2007

La estaca de nuestra vida

Ayer tuve la oportunidad de poder disfrutar de una de las mejores reflexiones que he oído nunca y, por ello, me apetece compartirla con todos vosotros. Estoy seguro que, como a mí, os hará pensar.

El escritor Jorge Bucay explica, en uno de sus cuentos, como él, cuando sólo tenía seis años, asistió a una función de circo y al quedar obnubilado con los números de los animales, pidió poder visitarlos tras el espectáculo. Entre ellos, Bucay quedó maravillado ante la majestuosidad del elefante, que permanecía atado con una cadena a una estaca: un palo, no muy gordo y clavado en el suelo, de escasamente un metro de altura. Ante esa imagen, el pequeño preguntó cómo una animal tan grande y con tanta fuerza permanecía allí quieto y no intentaba escapar, pero nadie supo qué responderle.
Años más tarde, charlando con un buen amigo, el escritor volvió a recordar la escena del elefante del circo y, casualmente, su interlocutor también se había hecho la misma pregunta. Pero a diferencia de las veces anteriores, este amigo sí supo darle una respuesta:
“Seguramente, ese elefante había nacido en el circo y desde sus primeros días ya vivía encadenado a esa estaca. Probablemente, durante esos primeros días en los que tubo que permanecer atado, el pequeño elefante intentó una y otra vez liberarse de ese palo y esa cadena, pero como no tenía todavía ni el tamaño ni la fuerza suficiente fracasó en el intento. Es por ello, que en el subconsciente del elefante arraigó la idea que jamás podría liberarse y, por eso, nunca lo volvió a intentar, aunque ya de adulto, con la fuerza más que suficiente, hubiera podido desatarse fácilmente de la cadena y la estaca que le retienen”.

En fin, que si una vez no fuimos capaces de… ¿qué nos impide volver a intentarlo? Si no lo intentamos seguro que no lo conseguimos.

5 comentarios:

  1. muchas gracias Edu! interesante reflexión... me ha dado que pensar.. mucho! creo que muchos deberíamos aplicarnos esta enseñanza, aunque, muchas veces, el miedo a "lo desconocido" que pueda haber después de romper las ataduras que -en cierto modo- nos "protegen" a veces es más fuerte de lo que parece.

    Aún así, creo que tienes razón. Debemos hacer frente a nuestros miedos... me has recordado una frase: "Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma...". Creo que aquí se podría aplicar la enseñanza de Bucay.

    Gracias, Edu, por tus reflexiones. Sigue ahi.

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  2. es cierto, deberíamos ser más consecuentes a veces con lo que queremos hacer y no con lo que nos ata, teóricamente. A veces es difícil pero si lo hiciesemos seríamos más felices. No sé a qué te refieres porque supongo que es algo muy personal pero... deberías intentarlo. Tu felicidad seguramente depende de ello.

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  3. Gracias por tu reflexión, Edu... a mi también me ha dado qué pensar... Yo también quiero hacer una aportación al post, con una cita:

    Nunca pierdes realmente, hasta que dejas de intentarlo. Mike Dilka

    espero que os guste.

    Un abrazo,

    Anuska

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  4. ¡Gracias! Gracias por vuestros comentarios.
    Anuska: la verdad es que tu cita me ha gustado mucho y creo que tienes toda la razón del mundo.
    En fin... que sabiendo que con este post os he ayudado a reflexionar, ya me siento más que satisfecho.

    Besitos y abrazos.

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  5. saludos.

    Profunda reflexión me ha suscitado este texto, y los comentarios subsiguientes. No me resistiré a copiar aquí el poema que cita uno de los comentaristas, que tiene mucho más calado que lo que se desprende de esa frase, si bien, yo no comparto del todo el sentido del mismo. Cierto es que cualquier decisión, cualquier cambio interior, cualquier aprendizaje, debe partir de la autoestima de cada uno, y no basarse sólo en el influjo exterior, en lo que los demás nos dán. Uno debe edificar su propio jardín, y amarse a sí mismo para poder entregarse a LOS OTROS SIN EXIGENCIAS. Pero lo que los demás nos devuelven de lo que les damos, el reflejo de lo que somos para otros, también contribuye a hacer crecer el propio valor, y a reforzar el aprendizaje. No somos islas.
    La clave está en diferenciar el amor a otro, de la necesidad del otro. El amor, nos hace felices porque nos expande, nos revaloriza, nos hace crecer, damos y recibimos cosas en igualdad, y compartimos con la persona amada nuestra libertad. La necesidad, nos somete al otro, nos obliga. Nos reduce al ansia de recibir lo que el otro nos dá, para mantener a flote nuestra endeble autoestima, dependiente y sumisa. Nos sumerge en la angustia y el miedo, a perder las cosas que nos aporta el otro. Necesitamos continuamente reafirmarnos, recibir cosas para seguir respirando. La necesidad nunca está satisfecha. Quien ama, no necesita. Comparte. Regala. No exige.

    El poema que comento de Borges es este. Pensad en él:
    "Después de un tiempo
    uno aprende la sutil diferencia
    entre sostener una mano
    y encadenar un alma.
    Y uno aprende
    que el amor no significa recostarse
    y una compañía no significa seguridad.
    Y uno empieza a aprender...
    que los besos no son contratos
    y los regalos no son promesas.
    Y uno empieza a aceptar sus derrotas
    con la cabeza alta y los ojos abiertos.
    Y uno aprende a construir
    todos sus caminos en el hoy,
    porque el terreno de mañana
    es demasiado inseguro para planes...
    y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
    Y después de un tiempo
    uno aprende que, si es demasiado,
    hasta el calorcito del sol quema.
    Así que uno planta su propio jardín
    y decora su propia alma,
    en lugar de esperar que alguien le traiga flores.
    Y uno aprende que realmente puede aguantar,
    que uno realmente es fuerte,
    que uno realmente vale,
    y uno aprende y aprende...
    Y con cada adiós uno aprende"

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